La idea en dos minutos
Todo gira alrededor de dos cosas: la agenda y la ficha de la clienta. La agenda dice quién viene, con quién y cuánto se va a quedar. La ficha dice qué le hicieron la vez pasada — que es lo que la clienta va a pedir sin acordarse del nombre.
En una veterinaria hay un dueño y su mascota, que son dos fichas. Acá no: la que se sienta es la que paga. Por eso al cargar una clienta se le arma su ficha sola y no hay que escribirla dos veces.
En el menú vas a ver Clientas —su ficha, su historial, lo que le gusta— y Cuentas, que es la misma persona vista desde la plata: su teléfono, su cumpleaños y lo que gastó.
Una columna por profesional
La agenda muestra el día entero con cada profesional en su columna. Se toca un hueco libre y se agenda ahí; los espacios en gris están fuera de su horario y no se pueden usar.
Cada servicio ocupa lo que dura de verdad
La duración se carga una sola vez, en el servicio. Un semipermanente de 75 minutos bloquea 75 minutos; una pedicure de 45, cuarenta y cinco. Es lo que evita el problema de todos los salones: agendar de a media hora porque es lo cómodo, y después atender con una hora de atraso desde el mediodía.
Cada profesional puede tener anotada su estación —el sillón 2, la camilla—. En un salón chico dos manicuristas no comparten una lámpara, y saber en cuál está cada una evita agendar dos cosas que no pueden pasar juntas.
Mover una cita, con el motivo
Se abre la cita y se usa Mover esta cita. Pide el día nuevo, la hora y por qué, y el motivo es obligatorio.
Porque así se pierde que ESA cita se movió. La ficha queda mostrando una cita nueva y limpia, y nadie puede contestar cuántas veces la corrieron.
Con el motivo, la cita muestra arriba «se movió dos veces» y por qué. Cuando una clienta dice que siempre la mueven, o tiene razón o no la tiene, y el sistema tiene que poder contestarlo — no opinar.
Lo que hay que acordarse por ella
La ficha guarda lo que ninguna se acuerda de una visita a la otra: el color que se puso, cómo le gusta la cutícula, a qué es alérgica y qué le molestó la última vez.
| Dónde va | Qué se escribe ahí |
|---|---|
| Alergias | Sale en rojo arriba de la ficha, antes de cada atención |
| Preferencias | El color, el largo, cómo le gusta la cutícula |
| Notas | Lo que conviene saber y no se le dice a la clienta |
| Historial | Qué se le hizo cada vez, con foto |
La foto es la que más rinde. Una clienta que vuelve pidiendo "lo mismo de la vez pasada" está describiendo un color que nadie recuerda y que además no se llama como ella cree. La foto lo contesta en un segundo, y encima la atiende otra chica sin haber estado ahí.
Cargalo. En Fidelidad aparece la lista de las que cumplen en los próximos treinta días con el WhatsApp al lado. Es la excusa menos forzada que existe para escribirle a alguien que hace rato no viene.
Bonos y paquetes
Un bono es "cinco manicures con 10% de descuento": la clienta paga hoy y va gastando sesiones durante meses. Se vende desde Bonos, eligiendo el servicio y cuántas sesiones; el precio de lista se calcula solo y vos ponés lo que cobrás.
Es plata cobrada por trabajo que todavía no se hizo. Mientras haya sesiones sin usar, el salón le debe servicios a esa clienta.
Por eso la pantalla abre con «cobrado y no prestado» y no con «bonos vendidos». Si se mirara como venta, el mes que se vendieron se ve magnífico y los tres siguientes, vacíos — y no pasó nada malo: se está trabajando lo que ya se cobró.
Cada sesión que se usa queda anotada
Se descuenta con un botón y queda la fecha, quién atendió y quién lo descontó. El saldo no se guarda en ningún lado: se calcula restando los usos, y por eso siempre cuadra.
Es la respuesta a la discusión de mostrador. Cuando una clienta dice que le quedan dos y el papel del espejo dice una, se abre el bono y se ve en qué días se fue cada sesión.
- El vencimiento es opcional: vacío quiere decir que no vence.
- Una semana antes de vencer, el bono se marca Por vencer. Ahí conviene llamar: después es tarde para que consiga turno.
- Un bono agotado o vencido no desaparece de la lista, se apaga. La clienta puede preguntar por él y hay que poder contestarle.
Comisiones, propinas y desempeño
Cada profesional tiene dos porcentajes: uno por servicio y otro por producto. No es un capricho — hacer una manicure no se paga igual que vender un esmalte del mostrador, y con un solo número alguien termina llevando la diferencia en un cuaderno.
La comisión se calcula al cobrar y queda guardada en ese cobro. Si mañana subís el porcentaje, lo que ya se liquidó no se mueve: alguien ya cobró ese dinero y la planilla del mes pasado tiene que seguir diciendo lo mismo.
La propina no es plata del salón
Se anota en el mismo formulario del pago —se decide en el mismo momento, mientras se cobra— pero no se suma a la venta.
Sumarla infla la facturación del salón y termina haciendo pagar impuestos por plata que nunca fue suya. En la liquidación aparece aparte, con su propia columna.
El ticket promedio, al lado de las clientas
En Equipo cada una tiene cuánto facturó, a cuántas clientas distintas atendió y su ticket promedio. Los tres números juntos a propósito: dos profesionales pueden facturar lo mismo atendiendo a veinte con ticket bajo o a cinco con ticket alto.
No es el mismo trabajo ni el mismo riesgo. Si mañana se va la primera se pierde volumen; si se va la segunda se pierden cinco clientas que venían por ella.
Abajo, a qué hora se llena: las horas con más citas del período. Contesta cuándo hace falta más gente y cuándo sobra, que es la decisión más cara que toma un salón.
Sellos, reseñas y a quién llamar
Las tres cosas viven en la misma pantalla porque contestan la misma pregunta: cómo hacer que vuelva.
La tarjeta de sellos
Se define cuántos sellos hacen falta y qué se llevan al completarla. Después el sello se suma solo con cada visita cobrada — nadie tiene que acordarse.
Si contara renglones, la clienta que se lleva tres esmaltes completa la tarjeta sin haberse sentado nunca. El programa premia que vuelva, no que compre — y el sello tiene que premiar lo mismo.
Las reseñas
Se le manda un enlace por WhatsApp y contesta desde el teléfono, sin crear ninguna cuenta. Pedirle que se registre para decir que le gustó su manicure es garantizar que no lo haga nadie.
Las de dos estrellas o menos se marcan aparte. Son las que hay que leer primero: una clienta que se queja adentro es una que todavía no se quejó afuera.
Las que hace rato no vienen
La lista sale ordenada por lo que gastaron y no por cuánto hace que faltan: la que dejaba mil al mes y desapareció importa más que la que vino una sola vez.
Arma la lista con el WhatsApp al lado y ahí termina. Un sistema que envía promociones por su cuenta le escribe a la clienta que se murió, a la que se peleó con el salón y a la que vino ayer sin que nadie lo registrara.
Son treinta segundos de una persona, y esa persona sabe cuál de las tres es cuál.
Lo que vendés y cuánto sale
Todo lo que el negocio cobra vive en un solo lugar: servicios. De ahí salen los precios de las ventas, los de la página pública y los de los reportes. No hay una segunda lista de precios en ningún lado.
Variantes: la idea que hay que entender
Un servicio puede tener variantes, y cada variante tiene su propio código, su precio y su stock. Son el mismo servicio visto de cerca.
La regla para decidir: si el cliente lo pide por el mismo nombre pero elige entre opciones, son variantes. Si lo pide por otro nombre, son dos servicios distintos. Cargar cada variante como un servicio aparte funciona el primer mes y después vuelve el catálogo ilegible.
Tres formas de existir
| Tipo | Qué quiere decir | Descuenta |
|---|---|---|
| Propio | Se compra hecho y se revende. Tiene stock que se agota. | su stock |
| Receta | Se prepara al venderlo consumiendo insumos. No tiene stock propio. | los insumos |
| Servicio | No se agota nunca: una consulta, una hora de trabajo. | nada |
Están en servicios → Categorías, colgando del mismo menú. Ordenan el catálogo, filtran los reportes y arman las secciones de tu página pública.
Conviene decidirlas antes de cargar cien servicios y no después: recategorizar a mano es el trabajo que nadie hace.
El stock mínimo
Cada variante tiene un stock mínimo. Cuando el stock baja hasta ahí, aparece el aviso de "quedan pocos" arriba a la derecha. Dejarlo en cero es apagar la alarma.
La galería: fotos y un video de TikTok
Cada servicio tiene su galería, en el botón Galería de su ficha. La portada es la que se ve en la grilla del catálogo; las demás aparecen al abrirlo, en el orden que les des.
Y en esa misma pantalla podés pegar el enlace de un video de TikTok. Se ve dentro de la galería, entre las fotos, y el cliente lo reproduce sin salir de tu página.
Sigue viviendo en tu cuenta de TikTok y se reproduce desde ahí. Lo único que se guarda de nuestro lado es su carátula.
No es un ahorro de espacio y nada más: treinta segundos de video pesan lo que doscientas fotos, y servidos desde un hosting barato se ven a tirones. TikTok tiene servidores en todo el mundo para eso y no cobra por usarlos.
- El enlace sale de Compartir → Copiar enlace en la app, o de la barra del navegador mientras estás viendo el video.
- Tiene que ser un video público. Si tu cuenta es privada o el video está oculto, TikTok no lo entrega — y te lo decimos al pegarlo, no después.
- El video no puede ser la portada: en la grilla se ve una imagen sola, sin dónde reproducirlo.
- Si lo borrás de la galería, se va de tu catálogo y nada más. En tu TikTok sigue.
Clientas
Un clienta se carga una vez y queda para siempre. Nombre, documento, teléfono, correo y dirección — los mismos datos que después salen impresos en el comprobante.
El teléfono es un enlace directo a WhatsApp: se toca y se abre el chat, sin copiar el número a mano.
La lista marca a los clientas que ya volvieron más de una vez. Son los que sostienen el negocio, y son a los que conviene llamar primero cuando hay algo nuevo. El reporte de Recompra pone el número: qué porcentaje vuelve.
Los datos para facturar van plegados
Debajo del formulario hay un desplegable con razón social, condición fiscal y dirección fiscal, para el clienta que pide factura a nombre de una empresa.
Esos datos son de la persona, no de la venta: se escriben una vez y salen solos cada vez que compre. Pedírselos en cada comprobante es la forma más rápida de que un día alguien los escriba mal.
Y van plegados porque la mayoría no pide factura. Tres campos más arriba les estorban a todos por el que sí.
La caja
La caja es lo primero de la mañana, no un informe de la noche. Por eso tiene su propia sección en el menú, con el estado escrito al lado del nombre: ABIERTA o CERRADA de un vistazo, sin entrar.
Abrir
Se cuenta lo que hay en el cajón antes de empezar a vender y se escribe ese número. Es el punto de partida: sin él, al cerrar no se puede saber si falta o si sobra.
Si el negocio cobra en varias monedas, se cuenta por moneda. Son montones distintos sobre la mesa y sumarlos a una sola cifra hace que nunca cierre.
Anotar lo que entra y sale
Pagarle al proveedor, mandar plata a la bóveda, traer cambio. Sin anotarlo el arqueo no cierra y la diferencia se lee como un faltante.
Cerrar
Se cuentan los billetes y se escribe lo que hay de verdad. El sistema dice si falta o si sobra, y deja la diferencia anotada con nombre y hora.
Un arqueo sirve justamente cuando no da cero. Cuadrarlo a mano es tirar a la basura la única señal que da.
Una transferencia no está en el cajón: se comprueba contra el banco, no contando billetes. Meterla en el arqueo haría que cierre siempre y no sirva para nada.
Se puede, y el sistema no lo frena — frenar una venta por un trámite es peor que el trámite. Pero ese cobro no entra en ningún arqueo, así que aparece un aviso en el tablero el mismo día, que es cuando todavía se está a tiempo de abrir la caja y contar lo que hay.
El resumen de la caja te llega por correo
Cada vez que se abre y se cierra la caja, te llega un correo con el detalle: con cuánto arrancó, cuánto se esperaba, cuánto se contó y la diferencia. Va a todos los administradores que tengan correo cargado en su perfil.
Vos no siempre estás en el local, y la caja la abre y la cierra otro. Sin el correo te enterás al día siguiente mirando un informe — y una diferencia que se descubre al día siguiente ya no se puede preguntar: el turno terminó y nadie se acuerda de nada.
Si no cuadra, lo dice desde el asunto: "Caja cerrada · Tu Negocio · NO CUADRA".
Cobros, gastos y reportes
El cobro
Una cobro puede cobrarse de una vez o en partes. Cada pago queda con su medio —efectivo, transferencia, tarjeta— su fecha y quién lo registró. Lo que falta es el saldo, y las cobros con saldo salen listadas de la más vieja a la más nueva: así se ve primero a quién hay que llamar.
Si se carga dos veces el mismo número de comprobante, el sistema avisa. No lo impide —a veces es correcto— pero lo dice.
Los gastos
Alquiler, luz, agua, internet, mantenimiento, publicidad. Son los gastos fijos que se restan de las ventas para saber el margen real del mes. Lo que se compra para revender no va acá: eso es una compra y tiene su propio módulo.
El fondo de ahorro
Aparta solo un porcentaje de cada cobro cerrada y lo muestra creciendo aparte. La plata para reponer deja de mezclarse con la del día. El porcentaje se elige en Configuración y se puede sacar del fondo cuando haga falta, dejando anotado para qué.
Los reportes
| Reporte | Contesta |
|---|---|
| Ventas | Cuánto entró, por fecha y por servicio. |
| Más vendidos | Qué se mueve y qué lleva tres meses quieto. Por cantidad, no por plata. |
| Gastos vs Ventas | Si el mes cerró para arriba o para abajo, mes a mes. |
| Rentabilidad | La utilidad de verdad, descontando lo que costó lo vendido. |
| Recompra | Qué porcentaje de tus clientas volvió. |
Quién puede hacer qué
Los usuarios se crean en Configuración → Usuarios y se les da acceso módulo por módulo. El que atiende el mostrador no tiene por qué ver los reportes de ganancia.
El administrador los tiene todos, siempre. Es el dueño o quien él decida.
Eliminar cualquier cosa del sistema es del administrador y de nadie más. Un empleado puede crear, editar y avanzar todo lo que necesite, pero borrar destruye trabajo que otro cargó y plata que ya se contó.
No es desconfianza: es que ese movimiento tiene que tener un dueño con nombre.
Tu dirección, y por qué es la única
Tu negocio vive en su propia dirección: algo como tunegocio.gestya.app. Por ahí entran vos y toda tu gente, y *no se entra por gestya.app* — esa es nuestra página, no la tuya. Guardá la tuya en favoritos y pasásela a quien trabaje con vos.
Si alguna vez la perdés, en gestya.app hay un campo para pedir que te la mandemos: dejás el correo con el que se dio de alta el negocio y te llega al buzón.
Usuario y contraseña, sin correo
Cada persona entra con un nombre de usuario —"rosa", "juan.perez", "caja2"— y una contraseña que le ponés vos. *El correo es opcional* y no hace falta para entrar: un mesero no tiene por qué tener uno, y uno inventado no recibe nada.
El nombre de usuario solo tiene que ser único dentro de tu negocio. "rosa" puede existir en cuarenta restaurantes a la vez sin que se pisen.
Cargá el tuyo en Mi perfil. Es por donde te llegan los avisos del sistema: el resumen de cada apertura y cierre de caja, y la dirección de tu negocio si algún día la perdés.
El horario, y a quién le corta el paso
En Configuración → Horario del negocio ponés las horas de cada día. No es un adorno para la página: decide tres cosas.
A qué hora puede entrar cada uno
Al crear o editar a una persona elegís si entra siempre o solo dentro del horario. Sirve contra el que entra a las tres de la mañana y carga pedidos: eso no es trabajar, es ensuciarte la caja del día siguiente.
Se decide de a uno, porque no todos son iguales: el encargado que abre el local necesita entrar antes que nadie, y el que hace inventario los domingos también.
Si tu catálogo toma pedidos
Con el local cerrado, tu catálogo lo avisa arriba de todo y dice a qué hora abrís. Un pedido que entra de noche lo ves recién a la mañana, y para entonces el cliente ya pidió en otro lado.
A qué hora llegó cada uno
Cada entrada al sistema queda anotada. Se ve en Configuración → Horario → Ver quién entró y cuándo, agrupado por día.
El administrador entra siempre, a cualquier hora. Si el sistema pudiera encerrarte un domingo, no habría nadie que pudiera abrirte — el que arregla el horario sos justamente vos.
Y viene apagado: mientras no lo enciendas, tu negocio es 24/7 y nada de esto cambia. Encenderlo es una decisión tuya.
Un solo tramo por día, a propósito. Si cerrás entre almuerzo y cena, poné la hora en que se abre la puerta y la hora en que se apaga la luz: durante esa pausa tu gente sigue adentro preparando, y partirlo en dos los dejaría afuera justo cuando están trabajando. Si cerrás después de medianoche —de 20:00 a 03:00— ponelo tal cual: el sistema entiende que ese turno es del día que arrancó.
Cuando alguien se va
Si se tiene que retirar en medio del turno, desactivá su usuario — no toques el horario por una persona. Si termina su contrato, eliminalo: desactivado sigue ocupando un lugar de tu cupo, y su historial no se va con él, queda anotado con su nombre.
Desactivarlo no espera a que cierre sesión: en la página siguiente queda afuera, con el motivo escrito. Da igual que tenga el celular abierto o que esté en medio de cargar un pedido.
Lo mismo si lo eliminás, y lo mismo cuando cierra el negocio: al que entra solo en horario lo saca la hora de cierre, no hace falta que nadie haga nada.
Lo que ya cargó no se toca. Las mesas que abrió siguen abiertas y sus ventas siguen siendo suyas — se le cierra la puerta, no se le borra el trabajo.
Entrar con doble factor
Se puede exigir un código del celular además de la contraseña. Vale la pena para el usuario del dueño: la contraseña sola no alcanza para que nadie vea tus números.
Lo que se anota solo
En Configuración → Movimientos queda escrito, con fecha, hora y nombre: quién creó, quién editó, quién eliminó, quién anuló, quién cobró, quién tocó un precio, quién abrió la caja. Se puede filtrar por persona, por fecha y por tipo, y buscar por texto.
Lo que no se anota: navegar, mirar e imprimir. Eso llenaría la pantalla de líneas sin contestar nada, y un registro que no se puede recorrer es igual de inútil que no tenerlo.
La agenda, en el celular de todo el equipo
En Configuración → Calendario del equipo hay una dirección que se pega una sola vez en Google Calendar, Outlook o el iPhone. Desde ahí los turnos aparecen solos en el celular de todos, sin que nadie entre al sistema y sin que vos mandes nada.
No hay que conectar ninguna cuenta de Google ni autorizar nada: es una dirección que el calendario lee, no un permiso que le das a nadie sobre tus datos.
En Google se pega desde una computadora —la app del celular no tiene esa opción—: Otros calendarios → + → Suscribirse a un calendario. Después aparece solo en el teléfono de todos los que tengan esa cuenta.
El que tenga esa dirección ve los nombres, teléfonos y direcciones de tus clientes sin necesidad de entrar al sistema. Pasásela solo a tu gente.
Si se te filtra, en esa misma pantalla la podés cambiar por una nueva. La anterior deja de funcionar en el acto — y con ella se cae la suscripción de todo tu equipo, que va a tener que pegar la nueva.
Va en un solo sentido: el calendario muestra lo que hay en el sistema, y lo que se cree desde el calendario no vuelve acá. Y Google relee los calendarios suscritos cada varias horas, así que algo que cargues recién puede tardar en verse ahí. Outlook y el iPhone son más rápidos.
Tu página pública
El negocio tiene su propia dirección en internet, armada con los mismos servicios que ya cargó para vender en el mostrador. No hay que armarla aparte ni mantenerla al día: es la misma información.
Se configura en Configuración → Catálogo: el nombre con el que te presentás, la bienvenida, el color, la portada, tus redes y si mostrás precios o no.
Si el negocio todavía no quiere página, se desactiva y listo. Nada de lo que se carga adentro deja de funcionar.
Vender además por la página
La página está armada para informar y tomar turnos, así que de fábrica no muestra nada de lo que hay en stock. Se enciende en Configuración → Catálogo, en "Vender también por la página".
Con eso aparece una sección También vendemos debajo de los servicios, con lo que tenga stock, su precio y un botón de agregar. El cliente arma el pedido y lo manda por WhatsApp; entra al sistema como pendiente igual que cualquier otro, y el stock recién baja al despacharlo.
La sección va debajo de los servicios y el botón grande de arriba sigue siendo pedir cita. El que entra a la página viene por eso; lo que se vende es lo que se lleva de paso.
Los servicios no se repiten en esa grilla aunque tengan precio: ya están arriba con su duración y su botón de cita, y no tendría sentido meter una consulta en un carrito.
La portada y la imagen de perfil
Las dos se manejan en un solo lugar: Configuración → Personalizar mi página. Ahí ponés tu imagen de perfil y varias portadas que van rotando, cada una con su título y su enlace, para anunciar lo que quieras.
Se podía subir una portada acá y varias del otro lado, y las dos dibujaban lo mismo arriba. El negocio subía una, no la veía —porque las otras la tapaban— y volvía a subirla del otro lado. Quedó una sola forma: la que hace más.
Cómo se ve tu enlace cuando lo mandás por WhatsApp
Un enlace pegado en WhatsApp, Facebook o Instagram no se muestra pelado: aparece con una imagen, tu nombre y una frase. Eso es la mitad de que lo toquen o no, y si tu página no lo trae, el enlace queda como una línea de texto azul.
No hay nada que configurar aparte: la tarjeta se arma sola con lo que ya cargaste. La imagen es tu primera portada; si no pusiste ninguna, tu imagen de perfil; después tu logo; y recién si no subiste nada, la tarjeta de Gestya. El texto sale de tu bienvenida, con tu dirección pegada al final.
Por eso conviene que la bienvenida diga qué vendés y cómo se te pide, y no solo el nombre del negocio: es la frase que va a leer el que recibe el enlace antes de decidir si lo toca.
Las redes se guardan una copia y no la vuelven a pedir por días. No es un error tuyo ni del sistema: es su caché. Con volver a mandar el mismo enlace no se arregla.
Cada red tiene su herramienta para forzarlo —Facebook la llama "depurador de URL"— y ahí se le pide que lo lea de nuevo. Si no, se acomoda solo con los días.
Cuatro cuidados
Los precios, el stock mínimo y las categorías son lo que hace que todo lo demás sirva. Media hora al principio ahorra el mes entero.
Compartir un usuario entre tres personas convierte el registro de movimientos en un papel en blanco. Los usuarios están incluidos.
Un arqueo cada tanto no dice nada. El valor está en que la diferencia de hoy se compare con la de ayer.
Borrar hace desaparecer. Anular deja constancia de que existió y de por qué no se hizo. Casi siempre lo que se quiere es lo segundo.
Se hace sola, todos los días, y cada negocio tiene su propia base de datos separada de la de todos los demás. No hay nada que hacer de tu lado.
Lo que van a preguntar
¿Y si atiende otra chica que la de siempre?
Abre la ficha y ve el color, las preferencias y la foto de la última vez. Es para eso.
Una clienta discute cuántas sesiones le quedan
Se abre su bono: cada sesión usada tiene fecha, quién la atendió y quién la descontó.
¿Las propinas entran a la caja?
Pasan por la caja si se pagaron en efectivo, pero no suman a la venta. En la liquidación de cada una salen en su propia columna.
Cambié el porcentaje de comisión
Vale de acá en adelante. Lo ya liquidado no se recalcula: esa plata ya se pagó.
Vendí un bono y el mes se ve carísimo
Está bien. Mirá «cobrado y no prestado» en Bonos: esa parte todavía es trabajo por hacer.
Se enfermó una chica y hay que mover todo
Cita por cita, con Mover esta cita y el motivo. Después hay que avisarle a cada clienta: el sistema no manda nada solo.