La idea en dos minutos
La cotización y la mudanza son la misma ficha. Cuando el cliente dice que sí, cambia de estado — no se copia a otro lado. Por eso no hay que volver a cargar direcciones ni inventario, y una dirección corregida queda corregida en un solo lugar.
Lo que se vende es un camión, una cuadrilla y un día. Todo lo demás cuelga de eso: el precio se calcula con la distancia y el volumen, el calendario cuida que esos recursos no estén en dos lados, y la entrega se firma.
Mudanzas es la lista de lo vivo: lo que espera respuesta y lo que está en curso. Planificación es el mes, para armar la semana y ver los choques antes de prometerle una fecha a nadie.
Lo que se carga una sola vez
Las tarifas
Es lo primero y lo más importante. En Mudanzas → Tarifas: el cargo fijo de salida, cuánto por kilómetro, cuánto por metro cúbico, cuánto por piso sin ascensor, el embalaje, el desarme y el porcentaje del seguro.
Sin esto el presupuesto sale en cero y el sistema parece roto. Abajo de esa pantalla hay un ejemplo con tus propios números, que es la forma más rápida de ver si alguna quedó mal.
La flota
Cada camión con el nombre que usan adentro —"el chico", "Camión 2"— y no la placa: nadie dice "hoy sale el AB123CD".
La capacidad en m³ decide si una mudanza entra en un viaje o en dos, y el costo por km es lo que te cuesta a vos moverlo.
La gente
Choferes, cargadores, embaladores. Con el precio de su hora, que es lo que después dice cuánto cuesta de verdad una mudanza.
Cargá el seguro y la revisión técnica con su vencimiento. El sistema avisa treinta días antes. Un camión con el seguro vencido se descubre el día que lo para un control, con una familia esperando en la vereda.
De la llamada a la firma
Hay dos salidas más: rechazada cuando el cliente no la toma —y el motivo se guarda, porque es lo que después dice por qué se pierden— y anulada, que es del administrador y libera los recursos.
Cotizar
Se piden solo los datos que cambian el precio. Lo que más se olvida preguntar por teléfono es el piso y si hay ascensor: sin ascensor cada piso se cobra aparte, y es la diferencia entre tres horas y siete.
El presupuesto sale con cada línea explicada —"18 km × 2,50"— y no con un total al pie. Un presupuesto que no se puede explicar no se puede discutir sin rehacerlo de memoria.
El pedido entra solo
Antes de cotizada hay un estado más: solicitada. Es el pedido que llegó por tu página, con todo lo que el cliente contó y sin que nadie lo haya mirado todavía.
Tu página tiene un formulario que pregunta lo que después cuesta caro no haber preguntado: de dónde a dónde, el piso, si hay ascensor, qué hay que llevar, cuántos ayudantes, si hace falta embalaje o escalera. Por teléfono se olvidan tres de esos, y el precio se rehace el día de la mudanza con el camión ya en la puerta.
Debajo de cada dirección hay un desplegable para poner el punto exacto. Si el cliente lo usa en los dos extremos, el pedido te llega con los kilómetros ya calculados y no tenés que buscarlos.
Va plegado a propósito: escribir la dirección alcanza. El mapa es lo que le permite ser exacto al que quiere serlo, no un requisito para todos.
El pedido queda registrado antes de abrir WhatsApp. Si el cliente no llega a mandar el mensaje, vos igual lo tenés y lo podés llamar — al revés se perdería justo el que se arrepintió a mitad de camino.
Y el cliente se busca por teléfono antes de crearlo: el que pide dos mudanzas en el año no queda dos veces en tu lista, con su historial partido al medio.
La reserva para confirmar
En Tarifas podés fijar qué porcentaje del total hay que adelantar para que el viaje quede confirmado. En cero no se pide nada y todo funciona como antes.
Son dos ajustes y no uno: el porcentaje, y un interruptor de "sin la reserva no se agenda". Separados a propósito — un negocio con clientes de años quiere ver la seña, no que el sistema le impida agendar por doscientos pesos que va a cobrar el día del viaje.
Se copia AL VIAJE en el momento de dar el precio. Si mañana lo subís del 30 al 50, el que ya reservó con el 30 no pasa a deber de golpe: lo que se pactó, se pactó.
El monto sí se rehace si cambia el precio del viaje — la seña del precio viejo ya no es el 30% de nada.
Quién lo vendió y cómo se cobra
Cada viaje puede llevar un vendedor responsable —un usuario del sistema, no alguien de la cuadrilla: el que vende atiende el teléfono— y unas condiciones de pago escritas con tus palabras. Las condiciones salen impresas en el presupuesto: es lo que evita la discusión del día de la entrega.
Del vendedor sale su comisión, que el sistema carga sola como costo del viaje si configuraste el porcentaje. Sin vendedor asignado no se le carga comisión a nadie.
Agendar
Es el paso que compromete el camión y la gente esos días. Por eso el sistema no deja agendar si ya están tomados: ahí ya no es una prueba, es una promesa hecha a un cliente.
Asignar sí se puede aunque choque, y solo avisa. Al armar la semana uno prueba combinaciones, y frenar cada intento haría imposible reacomodar.
Planificación y choques
Una mudanza de tres días ocupa los tres, no solo el primero. Es la única forma de ver que el jueves el camión está tomado aunque haya salido el martes — que es exactamente el error que se paga con dos familias esperando.
Y no del estado: al mirar el mes lo que se busca es qué camión está dónde.
Se pinta entero cuando un mismo camión o una misma persona figuran en dos mudanzas. Se tiene que ver de lejos, sin leer.
Debajo del calendario, en lista y con quién va en cada una. El mes sirve para decidir; para salir a trabajar hace falta el detalle.
Una mudanza no dura una hora y media: empieza a las ocho y termina cuando termina. Prometer el mismo camión "para la tarde" es cómo se llega tarde a las dos.
Inventario y firma
Cada bien se anota dos veces: en qué estado salió y en qué estado llegó. Si solo se anotara al final, "llegó rayado" no probaría nada — y ese es exactamente el momento en que hace falta que pruebe algo.
- Se carga por ambiente —cocina, dormitorio 1— porque así es como se descarga.
- Se le puede sacar una foto desde el celular, en el momento. Es lo que más vale el día del reclamo.
- El botón Remito saca la lista en papel, con una casilla para tildar al descargar: la vereda no siempre tiene señal.
La firma
Se dibuja con el dedo en el celular, en la puerta de la casa. No es un tilde de "conforme": un tilde lo pudo poner cualquiera desde la oficina.
Al firmar, una mudanza en curso pasa sola a entregada. Pedir además el cambio de estado sería pedir dos veces lo mismo, y el segundo paso es el que se olvida.
La firma la dibuja el navegador y se guarda en tu propia base. No pasa por ningún servicio de terceros: una firma es un dato de tu cliente.
El checklist de los cuatro momentos
Cada viaje trae un checklist con catorce puntos repartidos en cuatro momentos. Se abre desde la ficha, con el botón Checklist.
"Se entregó todo bien" firmado al final no prueba nada sobre lo que pasó al cargar. Si algo salió rayado del origen y nadie lo anotó ahí, el reclamo se discute con la memoria de dos personas cansadas.
Está hecho para el celular de la cuadrilla: casillas grandes que se tocan con el pulgar y que se guardan solas, sin botón. Nadie aprieta "guardar" con una heladera en la mano.
Cada punto tiene su campo de observación para lo que no salió como debía, y queda anotado quién lo verificó y a qué hora. Arriba, una barra dice cuánto falta.
Cuánto costó el viaje, y cuánto quedó
El sistema sabía cuánto se cobró y nunca cuánto quedó: la nafta, los peajes y lo que se le paga a la cuadrilla vivían en una planilla aparte. Ahora cada viaje tiene su botón Costos, con las tres cifras juntas.
| Qué muestra | Para qué sirve |
|---|---|
| Se cobró | El total del viaje, y cuánto entró de eso |
| Costó | Todo lo que se gastó, sumado |
| Quedó | La diferencia, y qué porcentaje es del precio |
Un viaje largo bien cobrado puede dejar menos que uno corto, y eso solo se ve cuando la nafta está al lado del precio. Si dio pérdida, la cifra se pinta en rojo: hay que verlo desde la puerta, no leerlo.
Tres gastos se cargan solos
Con los números que pongas en Tarifas → Lo que te cuesta un viaje, el sistema calcula el combustible por los kilómetros (ida y vuelta: el camión no se queda en el destino), lo que le pagás a los ayudantes por día, y la comisión del vendedor. Los marca como auto.
Al recalcular se rehacen solo los automáticos. Si el chofer anotó que cargó nafta por más, esa es la cifra que vale — el sistema no le discute a quien estuvo ahí.
Y si falta un número para poder calcular, la pantalla dice cuál y te lleva a ponerlo, en vez de no hacer nada en silencio.
Abajo se anotan la salida y el regreso, y de ahí salen las horas reales del viaje. Si uno de cuatro horas termina llevando nueve, el precio que cobrás no tiene mucho que ver con el trabajo que hacés.
Anticipo, saldo y cierre
La mudanza no cobra. Al finalizarla genera una venta, y de ahí en adelante es una venta como cualquier otra: boleta, pagos parciales, saldo pendiente, caja e impuesto.
Así se cobra una mudanza de verdad: un anticipo para reservar la fecha y el saldo al terminar. Cada pago queda con su fecha y su medio, y el saldo es una resta que nunca se descuadra.
No se puede pasar una mudanza a finalizada a mano: hay que usar el botón que genera el cobro. Si estuviera suelto, se podría dar por terminada una mudanza sin cobrarla y sin que quede rastro de por qué.
Quién trabaja y quién vuelve
En Reportes hay dos que solo tiene una mudanzera: uno mira a tu gente y el otro a tus clientes. Los dos suman lo mismo —viajes, facturado, costos y lo que dejó— pero agrupado de dos maneras que responden preguntas distintas.
Por chofer
Viajes, kilómetros, horas reales, facturado, costos y Dejó, uno por chofer. Sirve para lo que a ojo no se ve: el que hace más viajes no siempre es el que deja más, porque los kilómetros y las horas también cuestan.
Los que nadie asignó aparecen igual, en una fila propia y en gris. Un viaje que no figura en ningún lado es un viaje que nadie revisa — y si esa fila crece, el problema no es el reporte: es que se está cargando de apuro.
Por cliente
Lo mismo agrupado por quien te llamó, con la fecha de la última vez y cuántos repiten. Conseguir un cliente nuevo cuesta bastante más que hacer volver a uno viejo, y el que repite casi nunca avisa que se fue.
Por eso el que hizo más de un viaje y hace más de seis meses que no llama queda marcado con un cartelito de "hace tantos meses". Seis meses es lo que separa "todavía no le tocó mudarse" de "llamó a otro". Esa es la lista de a quién conviene llamar esta semana.
Los dos se filtran por fechas y se bajan a Excel.
Lo que vendés y cuánto sale
Todo lo que el negocio cobra vive en un solo lugar: servicios. De ahí salen los precios de las ventas, los de la página pública y los de los reportes. No hay una segunda lista de precios en ningún lado.
Variantes: la idea que hay que entender
Un servicio puede tener variantes, y cada variante tiene su propio código, su precio y su stock. Son el mismo servicio visto de cerca.
La regla para decidir: si el cliente lo pide por el mismo nombre pero elige entre opciones, son variantes. Si lo pide por otro nombre, son dos servicios distintos. Cargar cada variante como un servicio aparte funciona el primer mes y después vuelve el catálogo ilegible.
Tres formas de existir
| Tipo | Qué quiere decir | Descuenta |
|---|---|---|
| Propio | Se compra hecho y se revende. Tiene stock que se agota. | su stock |
| Receta | Se prepara al venderlo consumiendo insumos. No tiene stock propio. | los insumos |
| Servicio | No se agota nunca: una consulta, una hora de trabajo. | nada |
Están en servicios → Categorías, colgando del mismo menú. Ordenan el catálogo, filtran los reportes y arman las secciones de tu página pública.
Conviene decidirlas antes de cargar cien servicios y no después: recategorizar a mano es el trabajo que nadie hace.
El stock mínimo
Cada variante tiene un stock mínimo. Cuando el stock baja hasta ahí, aparece el aviso de "quedan pocos" arriba a la derecha. Dejarlo en cero es apagar la alarma.
La galería: fotos y un video de TikTok
Cada servicio tiene su galería, en el botón Galería de su ficha. La portada es la que se ve en la grilla del catálogo; las demás aparecen al abrirlo, en el orden que les des.
Y en esa misma pantalla podés pegar el enlace de un video de TikTok. Se ve dentro de la galería, entre las fotos, y el cliente lo reproduce sin salir de tu página.
Sigue viviendo en tu cuenta de TikTok y se reproduce desde ahí. Lo único que se guarda de nuestro lado es su carátula.
No es un ahorro de espacio y nada más: treinta segundos de video pesan lo que doscientas fotos, y servidos desde un hosting barato se ven a tirones. TikTok tiene servidores en todo el mundo para eso y no cobra por usarlos.
- El enlace sale de Compartir → Copiar enlace en la app, o de la barra del navegador mientras estás viendo el video.
- Tiene que ser un video público. Si tu cuenta es privada o el video está oculto, TikTok no lo entrega — y te lo decimos al pegarlo, no después.
- El video no puede ser la portada: en la grilla se ve una imagen sola, sin dónde reproducirlo.
- Si lo borrás de la galería, se va de tu catálogo y nada más. En tu TikTok sigue.
Clientes
Un cliente se carga una vez y queda para siempre. Nombre, documento, teléfono, correo y dirección — los mismos datos que después salen impresos en el comprobante.
El teléfono es un enlace directo a WhatsApp: se toca y se abre el chat, sin copiar el número a mano.
La lista marca a los clientes que ya volvieron más de una vez. Son los que sostienen el negocio, y son a los que conviene llamar primero cuando hay algo nuevo. El reporte de Recompra pone el número: qué porcentaje vuelve.
Los datos para facturar van plegados
Debajo del formulario hay un desplegable con razón social, condición fiscal y dirección fiscal, para el cliente que pide factura a nombre de una empresa.
Esos datos son de la persona, no de la venta: se escriben una vez y salen solos cada vez que compre. Pedírselos en cada comprobante es la forma más rápida de que un día alguien los escriba mal.
Y van plegados porque la mayoría no pide factura. Tres campos más arriba les estorban a todos por el que sí.
La caja
La caja es lo primero de la mañana, no un informe de la noche. Por eso tiene su propia sección en el menú, con el estado escrito al lado del nombre: ABIERTA o CERRADA de un vistazo, sin entrar.
Abrir
Se cuenta lo que hay en el cajón antes de empezar a vender y se escribe ese número. Es el punto de partida: sin él, al cerrar no se puede saber si falta o si sobra.
Si el negocio cobra en varias monedas, se cuenta por moneda. Son montones distintos sobre la mesa y sumarlos a una sola cifra hace que nunca cierre.
Anotar lo que entra y sale
Pagarle al proveedor, mandar plata a la bóveda, traer cambio. Sin anotarlo el arqueo no cierra y la diferencia se lee como un faltante.
Cerrar
Se cuentan los billetes y se escribe lo que hay de verdad. El sistema dice si falta o si sobra, y deja la diferencia anotada con nombre y hora.
Un arqueo sirve justamente cuando no da cero. Cuadrarlo a mano es tirar a la basura la única señal que da.
Una transferencia no está en el cajón: se comprueba contra el banco, no contando billetes. Meterla en el arqueo haría que cierre siempre y no sirva para nada.
Se puede, y el sistema no lo frena — frenar una venta por un trámite es peor que el trámite. Pero ese cobro no entra en ningún arqueo, así que aparece un aviso en el tablero el mismo día, que es cuando todavía se está a tiempo de abrir la caja y contar lo que hay.
El resumen de la caja te llega por correo
Cada vez que se abre y se cierra la caja, te llega un correo con el detalle: con cuánto arrancó, cuánto se esperaba, cuánto se contó y la diferencia. Va a todos los administradores que tengan correo cargado en su perfil.
Vos no siempre estás en el local, y la caja la abre y la cierra otro. Sin el correo te enterás al día siguiente mirando un informe — y una diferencia que se descubre al día siguiente ya no se puede preguntar: el turno terminó y nadie se acuerda de nada.
Si no cuadra, lo dice desde el asunto: "Caja cerrada · Tu Negocio · NO CUADRA".
Cobros, gastos y reportes
El cobro
Una cobro puede cobrarse de una vez o en partes. Cada pago queda con su medio —efectivo, transferencia, tarjeta— su fecha y quién lo registró. Lo que falta es el saldo, y las cobros con saldo salen listadas de la más vieja a la más nueva: así se ve primero a quién hay que llamar.
Si se carga dos veces el mismo número de comprobante, el sistema avisa. No lo impide —a veces es correcto— pero lo dice.
Los gastos
Alquiler, luz, agua, internet, mantenimiento, publicidad. Son los gastos fijos que se restan de las ventas para saber el margen real del mes. Lo que se compra para revender no va acá: eso es una compra y tiene su propio módulo.
El fondo de ahorro
Aparta solo un porcentaje de cada cobro cerrada y lo muestra creciendo aparte. La plata para reponer deja de mezclarse con la del día. El porcentaje se elige en Configuración y se puede sacar del fondo cuando haga falta, dejando anotado para qué.
Los reportes
| Reporte | Contesta |
|---|---|
| Ventas | Cuánto entró, por fecha y por servicio. |
| Más vendidos | Qué se mueve y qué lleva tres meses quieto. Por cantidad, no por plata. |
| Gastos vs Ventas | Si el mes cerró para arriba o para abajo, mes a mes. |
| Rentabilidad | La utilidad de verdad, descontando lo que costó lo vendido. |
| Recompra | Qué porcentaje de tus clientes volvió. |
Quién puede hacer qué
Los usuarios se crean en Configuración → Usuarios y se les da acceso módulo por módulo. El que atiende el mostrador no tiene por qué ver los reportes de ganancia.
El administrador los tiene todos, siempre. Es el dueño o quien él decida.
Eliminar cualquier cosa del sistema es del administrador y de nadie más. Un empleado puede crear, editar y avanzar todo lo que necesite, pero borrar destruye trabajo que otro cargó y plata que ya se contó.
No es desconfianza: es que ese movimiento tiene que tener un dueño con nombre.
Tu dirección, y por qué es la única
Tu negocio vive en su propia dirección: algo como tunegocio.gestya.app. Por ahí entran vos y toda tu gente, y *no se entra por gestya.app* — esa es nuestra página, no la tuya. Guardá la tuya en favoritos y pasásela a quien trabaje con vos.
Si alguna vez la perdés, en gestya.app hay un campo para pedir que te la mandemos: dejás el correo con el que se dio de alta el negocio y te llega al buzón.
Usuario y contraseña, sin correo
Cada persona entra con un nombre de usuario —"rosa", "juan.perez", "caja2"— y una contraseña que le ponés vos. *El correo es opcional* y no hace falta para entrar: un mesero no tiene por qué tener uno, y uno inventado no recibe nada.
El nombre de usuario solo tiene que ser único dentro de tu negocio. "rosa" puede existir en cuarenta restaurantes a la vez sin que se pisen.
Cargá el tuyo en Mi perfil. Es por donde te llegan los avisos del sistema: el resumen de cada apertura y cierre de caja, y la dirección de tu negocio si algún día la perdés.
El horario, y a quién le corta el paso
En Configuración → Horario del negocio ponés las horas de cada día. No es un adorno para la página: decide tres cosas.
A qué hora puede entrar cada uno
Al crear o editar a una persona elegís si entra siempre o solo dentro del horario. Sirve contra el que entra a las tres de la mañana y carga pedidos: eso no es trabajar, es ensuciarte la caja del día siguiente.
Se decide de a uno, porque no todos son iguales: el encargado que abre el local necesita entrar antes que nadie, y el que hace inventario los domingos también.
Si tu catálogo toma pedidos
Con el local cerrado, tu catálogo lo avisa arriba de todo y dice a qué hora abrís. Un pedido que entra de noche lo ves recién a la mañana, y para entonces el cliente ya pidió en otro lado.
A qué hora llegó cada uno
Cada entrada al sistema queda anotada. Se ve en Configuración → Horario → Ver quién entró y cuándo, agrupado por día.
El administrador entra siempre, a cualquier hora. Si el sistema pudiera encerrarte un domingo, no habría nadie que pudiera abrirte — el que arregla el horario sos justamente vos.
Y viene apagado: mientras no lo enciendas, tu negocio es 24/7 y nada de esto cambia. Encenderlo es una decisión tuya.
Un solo tramo por día, a propósito. Si cerrás entre almuerzo y cena, poné la hora en que se abre la puerta y la hora en que se apaga la luz: durante esa pausa tu gente sigue adentro preparando, y partirlo en dos los dejaría afuera justo cuando están trabajando. Si cerrás después de medianoche —de 20:00 a 03:00— ponelo tal cual: el sistema entiende que ese turno es del día que arrancó.
Cuando alguien se va
Si se tiene que retirar en medio del turno, desactivá su usuario — no toques el horario por una persona. Si termina su contrato, eliminalo: desactivado sigue ocupando un lugar de tu cupo, y su historial no se va con él, queda anotado con su nombre.
Desactivarlo no espera a que cierre sesión: en la página siguiente queda afuera, con el motivo escrito. Da igual que tenga el celular abierto o que esté en medio de cargar un pedido.
Lo mismo si lo eliminás, y lo mismo cuando cierra el negocio: al que entra solo en horario lo saca la hora de cierre, no hace falta que nadie haga nada.
Lo que ya cargó no se toca. Las mesas que abrió siguen abiertas y sus ventas siguen siendo suyas — se le cierra la puerta, no se le borra el trabajo.
Entrar con doble factor
Se puede exigir un código del celular además de la contraseña. Vale la pena para el usuario del dueño: la contraseña sola no alcanza para que nadie vea tus números.
Lo que se anota solo
En Configuración → Movimientos queda escrito, con fecha, hora y nombre: quién creó, quién editó, quién eliminó, quién anuló, quién cobró, quién tocó un precio, quién abrió la caja. Se puede filtrar por persona, por fecha y por tipo, y buscar por texto.
Lo que no se anota: navegar, mirar e imprimir. Eso llenaría la pantalla de líneas sin contestar nada, y un registro que no se puede recorrer es igual de inútil que no tenerlo.
La agenda, en el celular de todo el equipo
En Configuración → Calendario del equipo hay una dirección que se pega una sola vez en Google Calendar, Outlook o el iPhone. Desde ahí los viajes aparecen solos en el celular de todos, sin que nadie entre al sistema y sin que vos mandes nada.
No hay que conectar ninguna cuenta de Google ni autorizar nada: es una dirección que el calendario lee, no un permiso que le das a nadie sobre tus datos.
En Google se pega desde una computadora —la app del celular no tiene esa opción—: Otros calendarios → + → Suscribirse a un calendario. Después aparece solo en el teléfono de todos los que tengan esa cuenta.
El que tenga esa dirección ve los nombres, teléfonos y direcciones de tus clientes sin necesidad de entrar al sistema. Pasásela solo a tu gente.
Si se te filtra, en esa misma pantalla la podés cambiar por una nueva. La anterior deja de funcionar en el acto — y con ella se cae la suscripción de todo tu equipo, que va a tener que pegar la nueva.
Va en un solo sentido: el calendario muestra lo que hay en el sistema, y lo que se cree desde el calendario no vuelve acá. Y Google relee los calendarios suscritos cada varias horas, así que algo que cargues recién puede tardar en verse ahí. Outlook y el iPhone son más rápidos.
Tu página pública
El negocio tiene su propia dirección en internet, armada con los mismos servicios que ya cargó para vender en el mostrador. No hay que armarla aparte ni mantenerla al día: es la misma información.
Se configura en Configuración → Catálogo: el nombre con el que te presentás, la bienvenida, el color, la portada, tus redes y si mostrás precios o no.
Si el negocio todavía no quiere página, se desactiva y listo. Nada de lo que se carga adentro deja de funcionar.
La portada y la imagen de perfil
Las dos se manejan en un solo lugar: Configuración → Personalizar mi página. Ahí ponés tu imagen de perfil y varias portadas que van rotando, cada una con su título y su enlace, para anunciar lo que quieras.
Se podía subir una portada acá y varias del otro lado, y las dos dibujaban lo mismo arriba. El negocio subía una, no la veía —porque las otras la tapaban— y volvía a subirla del otro lado. Quedó una sola forma: la que hace más.
Cómo se ve tu enlace cuando lo mandás por WhatsApp
Un enlace pegado en WhatsApp, Facebook o Instagram no se muestra pelado: aparece con una imagen, tu nombre y una frase. Eso es la mitad de que lo toquen o no, y si tu página no lo trae, el enlace queda como una línea de texto azul.
No hay nada que configurar aparte: la tarjeta se arma sola con lo que ya cargaste. La imagen es tu primera portada; si no pusiste ninguna, tu imagen de perfil; después tu logo; y recién si no subiste nada, la tarjeta de Gestya. El texto sale de tu bienvenida, con tu dirección pegada al final.
Por eso conviene que la bienvenida diga qué vendés y cómo se te pide, y no solo el nombre del negocio: es la frase que va a leer el que recibe el enlace antes de decidir si lo toca.
Las redes se guardan una copia y no la vuelven a pedir por días. No es un error tuyo ni del sistema: es su caché. Con volver a mandar el mismo enlace no se arregla.
Cada red tiene su herramienta para forzarlo —Facebook la llama "depurador de URL"— y ahí se le pide que lo lea de nuevo. Si no, se acomoda solo con los días.
Cuatro cuidados
Los precios, el stock mínimo y las categorías son lo que hace que todo lo demás sirva. Media hora al principio ahorra el mes entero.
Compartir un usuario entre tres personas convierte el registro de movimientos en un papel en blanco. Los usuarios están incluidos.
Un arqueo cada tanto no dice nada. El valor está en que la diferencia de hoy se compare con la de ayer.
Borrar hace desaparecer. Anular deja constancia de que existió y de por qué no se hizo. Casi siempre lo que se quiere es lo segundo.
Se hace sola, todos los días, y cada negocio tiene su propia base de datos separada de la de todos los demás. No hay nada que hacer de tu lado.
Lo que van a preguntar
El cliente no contesta hace dos semanas
Se queda en cotizada y el sistema la marca vencida sola cuando pasa la fecha. Nadie tiene que ir a marcarla.
El día de la mudanza había más cosas
Se edita el volumen y se vuelve a calcular. Las líneas que escribiste a mano no se tocan; solo se rehacen las automáticas.
A este cliente le quiero hacer un precio
Se carga un descuento del total, o se agrega un concepto a mano. Lo escrito a mano sobrevive a cualquier recálculo.
Se rompió algo en el viaje
Se marca ese bien como dañado al entregar. El inventario tiene el estado con el que salió y la foto: eso es lo que sostiene el reclamo.
Hay que mover una mudanza de día
Se edita la fecha. Si con la nueva choca con otra, la ficha lo avisa arriba y el calendario pinta el día en rojo.
El cliente quiere guardar cosas
El guardamuebles se cobra como un concepto más del catálogo, por m³ y por mes. El cobro recurrente mes a mes todavía hay que cargarlo a mano.